Análisis y enfoque interdisciplinario, sobre el artículo Infobae titulado “Un niño es hospitalizado por día en CABA por riesgo suicida: cómo prevenir el bullying y cuidar la salud mental”. Por Dra. Melina Cristiano



El artículo de Infobae sobre el incremento de internaciones por riesgo suicida en niñas, niños y adolescentes expone una realidad dolorosa y urgente. Que un menor sea hospitalizado por día en CABA no es solo un dato: es la evidencia de que algo profundo está fallando en los entornos donde los chicos crecen, conviven y buscan contención.

Este tipo de noticias no solo me preocupan: me interpelan. Porque nuestra misión es acompañar a instituciones educativas y deportivas para que las problemáticas que atraviesan a las infancias —emocionales, sociales y digitales— se aborden con la importancia real que merecen.


Lo que dicen los datos:


El informe del Ministerio Público Tutelar de la Ciudad Autónoma de Buenos Aires (MPT) revela que, en 2023, se registraron 596 notificaciones de internaciones por riesgo suicida de menores de 18 años en la Ciudad de Buenos Aires, lo que implica más de una internación por día. 

Además, el estudio señala que más del 55 % de esos casos corresponden a menores de 15 años. 


Estos datos nos sitúan ante una emergencia silenciosa: no hablamos solo de cifras, sino de niñas, niños y adolescentes que están al límite de su bienestar psicológico, y que llegan a la internación por riesgo suicida.


Lo que el artículo deja ver con claridad es que no podemos seguir actuando desde el reflejo, la reacción tardía o respuestas parciales.


Los chicos están pidiendo ayuda mucho antes de la internación. A veces lo dicen con palabras. A veces con silencios. A veces con conductas que pasan inadvertidas.


Y ahí es donde las instituciones deben estar preparadas.


Desde nuestro espacio, sabemos que el sufrimiento emocional nunca aparece aislado. Está atravesado por múltiples factores:


- el bullying sostenido y no atendido,

- la exposición digital temprana,

- el ciberacoso,

- la falta de espacios de escucha reales,

- la soledad emocional en hogares y escuelas,

- la dificultad de los adultos para leer señales.


Por eso insistimos en algo que este artículo vuelve a confirmar:

👉 no podemos seguir repitiendo discursos sin revisar prácticas.

👉 no podemos quedarnos en el diagnóstico.

👉 no podemos improvisar cuando el daño ya está hecho.


La prevención emocional y digital exige recursos, formación, protocolos y acompañamiento. Exige adultos presentes y equipos interdisciplinarios. Exige entender que los entornos digitales no son un mundo aparte: son parte de la salud mental. 


Reflexión final


Lo que muestra el artículo no es una estadística más. Es una advertencia.

Si no fortalecemos la prevención emocional y digital desde los espacios donde transcurre la vida cotidiana —la escuela, el club, la comunidad— seguiremos llegando tarde.


Como coordinadora de Escucha Activa, mi compromiso es contribuir a que estas problemáticas se aborden con la seriedad, profundidad y humanidad que requieren.

Mi propósito es que el conocimiento que traigo de distintos ámbitos sirva para mejorar el acompañamiento institucional y el cuidado de nuestras infancias.


Porque no hay política pública, protocolo ni formación que pueda esperar: los chicos no pueden esperar.


Referencia.


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