Educar escuchando: el poder de las infancias y juventudes para co-crear la educación.

24 de enero · Día Internacional de la Educación.


Cada 24 de enero, el mundo conmemora el Día Internacional de la Educación, proclamado por la Asamblea General de las Naciones Unidas en 2018, para reconocer a la educación como derecho humano fundamental, bien público y responsabilidad colectiva.


Es una jornada conmemorativa que se celebra desde su inauguración en 2019. Esta efeméride no surgió de manera aislada, sino que fue el resultado de una iniciativa diplomática liderada por Nigeria junto con otros 58 Estados miembros de las Naciones Unidas. La propuesta fue redactada con el fin de subrayar el papel indispensable que la educación desempeña en la consecución de la paz y el desarrollo sostenible en todo el mundo.
El marco histórico formal se estableció el 3 de diciembre de 2018, cuando la Asamblea General de las Naciones Unidas, en colaboración con la UNESCO, proclamó oficialmente la fecha mediante la Resolución 73/25. El objetivo central de esta proclama fue celebrar la educación como un bien público y una responsabilidad colectiva de la humanidad.
La selección de este día específico tuvo como propósito resaltar la educación como un derecho humano fundamental, consagrado en la Declaración Universal de Derechos Humanos. El 24 de enero se convirtió así en el símbolo anual para destacar la educación como la herramienta clave frente a desafíos globales críticos, tales como el cambio climático, la desigualdad, los conflictos y la erradicación de la pobreza.
Además, la fecha busca movilizar acciones hacia el logro del Objetivo de Desarrollo Sostenible número 4 (ODS 4), el cual establece la meta de garantizar una educación inclusiva, equitativa y de calidad, con acceso gratuito a la primaria y secundaria para el año 2030.
Desde su primera celebración en 2019, cada año se ha asignado un lema que refleja las necesidades educativas del momento.
Este año, el enfoque propuesto por la UNESCO pone el acento en una idea clave y profundamente actual: "el poder de las juventudes como protagonistas y co-creadoras de la educación."
Esta elección responde a una necesidad estratégica de transformar los sistemas de enseñanza, fundamentada en los siguientes pilares extraídos de las fuentes:
Representatividad demográfica: Los jóvenes menores de 30 años representan más de la mitad de la población mundial; sin embargo, históricamente no han tenido una representación proporcional en la toma de decisiones educativas.
Beneficiarios y protagonistas: Al ser los destinatarios directos de los programas de enseñanza, su futuro depende de la calidad de los mismos, lo que justifica su involucramiento significativo en el diseño de las políticas que los afectan.
Revolución tecnológica: El mundo atraviesa una transformación radical inducida por la tecnología, lo cual exige replantear con urgencia el propósito y las modalidades de aprendizaje. La UNESCO considera que la juventud es el motor clave para navegar e influir en estos avances.
Agentes de cambio y liderazgo: Se busca potenciar el liderazgo juvenil para alcanzar el Objetivo de Desarrollo Sostenible 4 (ODS 4), reconociendo a los jóvenes como un motor para la innovación, la paz y el desarrollo sostenible.
Participación real, no solo consultiva: La UNESCO subraya que la juventud debe ser tratada como socio en pie de igualdad, participando desde el diseño hasta el seguimiento de los programas, lo que requiere mecanismos formales y representación transparente en lugar de simples consultas aisladas.


De educar para "a" educar  "con".


Durante décadas, los sistemas educativos se pensaron desde una lógica vertical: adultos que enseñan, estudiantes que reciben. Hoy, esa mirada resulta insuficiente frente a los desafíos sociales, tecnológicos y culturales que atravesamos.


La propuesta de la Organización de las Naciones Unidas y la UNESCO invita a dar un paso más:

👉 escuchar activamente a niñas, niños y adolescentes,

👉 reconocer sus experiencias, saberes y preguntas,

👉 habilitar su participación real en la construcción de los entornos educativos.


Porque, educar con las infancias y adolescencias no debilita la autoridad pedagógica: la fortalece. Una educación que escucha es una educación más justa, más significativa y más democrática.


Educación, derechos y participación.


La educación no es solo acceso a contenidos. Es también el derecho a ser escuchados, a participar, a aprender en entornos seguros, inclusivos y respetuosos y a construir sentido sobre el mundo que habitamos.

Cuando estos derechos no se garantizan, la exclusión se profundiza. Cuando se habilitan, la educación se transforma en una verdadera herramienta de ciudadanía.


La mirada de Escucha Activa


Desde Escucha Activa sostenemos que no hay educación inclusiva sin escucha real.

Escuchar no es solo oír: es habilitar la palabra, revisar prácticas, adaptar entornos y construir vínculos donde cada voz tenga valor.


Trabajamos junto a instituciones educativas, equipos docentes, familias y comunidades para fortalecer:

- entornos que cuidan,

- prácticas pedagógicas con perspectiva de derechos,

- espacios donde niñas, niños y adolescentes puedan expresarse y participar activamente.


Educar es un acto colectivo.


En este Día Internacional de la Educación, renovamos una convicción profunda: la educación se construye todos los días, en cada aula, en cada familia y en cada comunidad.

Cuando escuchamos a las infancias y juventudes, no solo mejoramos la educación: construimos una sociedad más justa, más empática y más democrática.


✨ Educar escuchando es educar con derechos.


Escucha Activa – Diálogos que Transforman

Fuentes:



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